El Fruto Prohibido

 

Un árbol blanco se erguía entre una espesura verde. Sobre una de sus ramas, un pájaro con una iridiscente cola de plumas devoraba ávidamente uno de sus frutos. De repente, paró de comer, alzó su vista y la fruta cayó metros abajo hasta el suelo.

<<No tenía nombre. Vivía feliz en el cielo, comía la dulce fruta. Era, pero no sabía. Hasta que me posé en aquel árbol. La fruta nueva, nunca vista. ¡Qué olor! Tenía que comer… ¿la? Y entonces supe. Oh, palabras. Las creé. Las estoy creando. Bailan y juegan, y cada vez hay más. Palabras, palabras, palabras.

¿Pero estoy creando las palabras o ya se encontraban aquí? ¿Qué diferencia hay entre las montañas que veo con los ojos y su nombre que siento en el pensamiento? Montañas hay muchas, pero la palabra es una y las tiene a todas. >>

El ave emprendió el vuelo mientras seguía su diálogo con el lenguaje madurando.

<< Veamos a dónde hemos llegado. Soy un ser que piensa y siente. Hay muchos más seres pero... ¿Piensan? Creo que sí, pero sin saber que lo hacen. Parecen dentro del pensamiento en lugar de tener el pensamiento dentro. ¿Sienten? Quizás, pero de nuevo, parecen estar dentro del sentimiento en lugar de cruzarlo.>>

<<No están solas, no hay caos. Veo cómo se van formando estructuras, cada vez más complejas. ¿Acaso ignoraba todo esto? No, siempre he estado, como parte. Ahora puedo ver desde fuera, maravilloso mundo. Volar, ahora puedo contemplar mientras lo hago. Oh, maravillosa armonía que entretejes lo vivo y lo inerte. Pero, ¿por qué? ¿Por qué es todo tan perfecto? ¿Acaso es todo esto una creación, una obra planificada y perfectamente culminada? ¿Por qué sólo yo parezco ser consciente de esta bendición? ¿Acaso esto es sólo para mí y he de vivir en la soledad sin hacer partícipes a los demás de esta belleza? ¡El fruto! Es el motivo de mi estado y la solución a mi soledad.>>

Mientras engarzaba palabra con palabra construyendo pensamientos, el ave divisó a una mujer que paseaba desnuda por el prado. ¡Ella también podía hablar! Entonces reconoció en ella la mirada inconsciente que compartían todos los animales. Bajó a ayudarla.

<<¡Mujer! Ven a comer de la gran fruta del árbol blanco. Ha abierto mi consciencia, ¿sabes lo que es eso?>>

<<Conozco el árbol, y quiero el fruto, pero para mí está prohibido: es un árbol alto y no puedo treparlo.>>

<<¿Subir? No necesitas subir, dejé caer un fruto. Ve, pruébalo. Tú ya dominas la palabra, puede otorgarte cualidades que serían divinas para mí.>>

<<¡Gracias, ave! ¿A quién he de agradecer tan bello gesto?>>

<<¿Cómo me llamo?

Serpiente.>>

Comentarios

Entradas populares de este blog

La policía vela por nosotros...

Sol y arena-no

Inconfesiones