La Dama
Bueno, a sugerencia de don Yhan y otras personalidades voy a dejar algún escrito de los que me gusta hacer de vez en cuando pero nunca enseño a nadie. Hago esto también porque pude experimentar lo que es el que te copiasen una idea y la estropeen. Dejando las cosas escritas me ahorro plagiadores.
Este escrito está inacabado y le faltan muchos retoques, pero os dejo ya la idea sobre la que tengo que continuar escribiendo.
LA DAMA
De lento e inseguro paso era mi caminar, cabizbajo marchaba, como buscando en los toscos adoquines del suelo una explicación a los infortunios de la vida. La gente pasaba a mi alrededor, caras anodinas, de estériles expresiones que me devolvían la mirada al sucio suelo. En mis oscuras divagaciones me hallaba cuando un destello me hizo levantar la mirada. Y entonces la vi, ahí estaba ella. Vestida de verde, con su capa como hoja de hiedra; emanando luminiscencia de su pelo dorado que brillaba como el Sol y de su cándida piel que era de Luna. De sus ojos verdes surgió un destello y con una sonrisa que sugería una atractiva inocencia me miró. Esa visión me conmovió y ya mi vista no volví a fijar en el suelo.
- "¿Cómo no podía verla la gente que la rodeaba?"
Para mí era como una luz más allá de la luz, la calle parecía estar oscura al Sol del mediodía cuando ella paseaba.
-"Ese ángel ha descendido del cielo para deshacer mis penas, he de conocer el nombre de tan bello ser que resucita a mi corazón"
Y con este pensamiento la seguí por toda la calle. Paseaba ella contracorriente a través de una marea de gente, pero parecía avanzar sin que nadie turbase su paso. Yo sin embargo luchaba por no ser arrastrado por la masa de gente que me empujaba y me hacía tropezar.
El mundo iba perdiendo consistencia, como si ya nada fuese real y sólo estuviese ella. El cielo ya no era azul; al igual que las personas y la luz del Sol, había perdido su color. Sólo estaba ella, el único color en la vida. Dejé de distinguir incluso las caras de las personas que me rodeaban, y la gente no era ya más que un borrón gris, una informe mancha a mi alrededor. Sus palabras llegaban pero no entendía lo que decían. Algunos me aferraban, como para detener mi avance; otros se apartaban; otros gesticulaban desesperadamente sin conseguir llamar mi atención; otros me empujaban hacia ella... Pero no importaba nada más que ella, la dama de verdes ojos y lumínica sonrisa. La seguí en estas circunstancias, perdiendo contacto con cuanto me rodeaba y cada vez acercándome más a ella. Y cuanto más cerca menos real parecía lo que me rodeaba y más pura la luz de la dama.
Llegó la dama a un recodo en la calle y, volviéndose, me dedicó una nueva sonrisa. Una sonrisa que se abrió paso hasta mi corazón a través de la oscuridad que la rodeaba. El mundo que nos circundaba ya no tenía formas siquiera, nada había salvo ella, llenando de vida el vacío que ahora era mi existencia. Pero ella seguía andando, tan sólo se volvió para dedicar una nueva sonrisa que aceleró mi corazón, galopante en mi pecho con una violencia inusitada. Ya no podía permitir que hubiese distancia más grande de unas decenas de metros entre ella y yo, pues toda la luz que había, toda la realidad que me rodeaba, emanaba de ella. Sin ella estaría perdido en el vacío, esclavo de la nada.
La Dama se acercaba a la entrada de un templo, la cual se hallaba flanqueada por columnas corintias y un frontón triangular coronándolo en el cual había un friso donde se podía leer "Omne Ignotum Pro Magnífico" La entrada estaba rodeada de una espesa bruma tras la cual se perdió la silueta de la Dama, pero no su resplandor tras de ella. Entré en el templo,y allí estaba la Dama parada y de espaldas a mí, con su capa y su pelo ondeando al viento. Me acerqué lentamente, con el corazón en un puño y extendí mi brazo hacia ella, rozando levemente su capa. Entonces la mujer se volvió con un rápido pero delicado movimiento, liberando una narcótica esencia de su pelo agitado en el aire; y entonces sentí la luz de su mirar, y entonces sentí el frío del acero en mi corazón. Caí de rodillas al suelo llevando la mano a la daga que había hundida en mi pecho. La Dama se arrodilló y llevó mi cabeza a su regazo con un movimiento suave, y empezó a acariciarme el pelo con una ternura angelical. Y con las últimas fuerzas que tenía miré con ojos vidriados a la Dama y, antes de expirar, intenté decirle:
-"Tan sólo quería saber vuestro nombre"
Pero las palabras no podían salir de mis labios, y las fuerzas iban apagándose en mi interior. Y mirando a sus ojos verdes paseé mi última visión por su rostro y ella me dedicó una última cándida sonrisa. Y cerré los ojos....
Oscuridad....
-"Mi nombre es Esperanza"
Este escrito está inacabado y le faltan muchos retoques, pero os dejo ya la idea sobre la que tengo que continuar escribiendo.
LA DAMA
De lento e inseguro paso era mi caminar, cabizbajo marchaba, como buscando en los toscos adoquines del suelo una explicación a los infortunios de la vida. La gente pasaba a mi alrededor, caras anodinas, de estériles expresiones que me devolvían la mirada al sucio suelo. En mis oscuras divagaciones me hallaba cuando un destello me hizo levantar la mirada. Y entonces la vi, ahí estaba ella. Vestida de verde, con su capa como hoja de hiedra; emanando luminiscencia de su pelo dorado que brillaba como el Sol y de su cándida piel que era de Luna. De sus ojos verdes surgió un destello y con una sonrisa que sugería una atractiva inocencia me miró. Esa visión me conmovió y ya mi vista no volví a fijar en el suelo.
- "¿Cómo no podía verla la gente que la rodeaba?"
Para mí era como una luz más allá de la luz, la calle parecía estar oscura al Sol del mediodía cuando ella paseaba.
-"Ese ángel ha descendido del cielo para deshacer mis penas, he de conocer el nombre de tan bello ser que resucita a mi corazón"
Y con este pensamiento la seguí por toda la calle. Paseaba ella contracorriente a través de una marea de gente, pero parecía avanzar sin que nadie turbase su paso. Yo sin embargo luchaba por no ser arrastrado por la masa de gente que me empujaba y me hacía tropezar.
El mundo iba perdiendo consistencia, como si ya nada fuese real y sólo estuviese ella. El cielo ya no era azul; al igual que las personas y la luz del Sol, había perdido su color. Sólo estaba ella, el único color en la vida. Dejé de distinguir incluso las caras de las personas que me rodeaban, y la gente no era ya más que un borrón gris, una informe mancha a mi alrededor. Sus palabras llegaban pero no entendía lo que decían. Algunos me aferraban, como para detener mi avance; otros se apartaban; otros gesticulaban desesperadamente sin conseguir llamar mi atención; otros me empujaban hacia ella... Pero no importaba nada más que ella, la dama de verdes ojos y lumínica sonrisa. La seguí en estas circunstancias, perdiendo contacto con cuanto me rodeaba y cada vez acercándome más a ella. Y cuanto más cerca menos real parecía lo que me rodeaba y más pura la luz de la dama.
Llegó la dama a un recodo en la calle y, volviéndose, me dedicó una nueva sonrisa. Una sonrisa que se abrió paso hasta mi corazón a través de la oscuridad que la rodeaba. El mundo que nos circundaba ya no tenía formas siquiera, nada había salvo ella, llenando de vida el vacío que ahora era mi existencia. Pero ella seguía andando, tan sólo se volvió para dedicar una nueva sonrisa que aceleró mi corazón, galopante en mi pecho con una violencia inusitada. Ya no podía permitir que hubiese distancia más grande de unas decenas de metros entre ella y yo, pues toda la luz que había, toda la realidad que me rodeaba, emanaba de ella. Sin ella estaría perdido en el vacío, esclavo de la nada.
La Dama se acercaba a la entrada de un templo, la cual se hallaba flanqueada por columnas corintias y un frontón triangular coronándolo en el cual había un friso donde se podía leer "Omne Ignotum Pro Magnífico" La entrada estaba rodeada de una espesa bruma tras la cual se perdió la silueta de la Dama, pero no su resplandor tras de ella. Entré en el templo,y allí estaba la Dama parada y de espaldas a mí, con su capa y su pelo ondeando al viento. Me acerqué lentamente, con el corazón en un puño y extendí mi brazo hacia ella, rozando levemente su capa. Entonces la mujer se volvió con un rápido pero delicado movimiento, liberando una narcótica esencia de su pelo agitado en el aire; y entonces sentí la luz de su mirar, y entonces sentí el frío del acero en mi corazón. Caí de rodillas al suelo llevando la mano a la daga que había hundida en mi pecho. La Dama se arrodilló y llevó mi cabeza a su regazo con un movimiento suave, y empezó a acariciarme el pelo con una ternura angelical. Y con las últimas fuerzas que tenía miré con ojos vidriados a la Dama y, antes de expirar, intenté decirle:
-"Tan sólo quería saber vuestro nombre"
Pero las palabras no podían salir de mis labios, y las fuerzas iban apagándose en mi interior. Y mirando a sus ojos verdes paseé mi última visión por su rostro y ella me dedicó una última cándida sonrisa. Y cerré los ojos....
Oscuridad....
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Comentarios
P.D. ¿Seguro que no eres descendiente ed Becquer?
Muy máquina, en serio, avísame con el próximo
muak
Un besito toltuguita.
Un saludo.
Muy bueno Darth Nergal, deberías mostrarnos más perlas.
Moooyyy Zhiido0 eh!
Pero.. sabes?! al principio creía que ella era un fantasma...
y al final pensaba que no ibas a decir su nombre... que ibas a dejar a la gente con la intriga y que cada uno sacara sus propias conclusiones.
Siempre hago lo mismo.. me invento lo que va a pasar despues aun mientras leo.. xDDD
Te puedo hacer una pregunta?? por qué lo mata??